jueves, 9 de octubre de 2014

Diálogo


-L: A veces la mente nos hace ver realidades que nuestros corazones desean pero que apenas son tangibles en la verdadera realidad. Son los espejos donde nos miramos y, es cierto, desearíamos poder atravesar esa cuerpo opaco donde se enmarcan sueños tan sustanciosos.

-E: Ya te dije que tome esa decisión para evitar más perjuicios a mi hastiado corazón. Si a mi mal no me causara, yo, retractándome de lo pactado con mi conciencia, volvería con él para, entre risas y lagrimas forjásemos  una amistad entonada en la concordia; mas ten por claro que ahora, donde aquí me hallo, esta amistad no me causa sino vicisitudes varias, contrastadas con mis cambios de opinión repentinos respecto a los acontecimientos varios.

-L: Así conseguirás que tu recuerdo, de su memoria, se marchite.

-E: Cierto sea. Y no hay algo, que respecto a él, me cause más daño. Pero que la razón me entienda, esto me causa dolor a mi tal que miro con ahínco cada leve recuerdo que mi incapaz memoria pudo retener, y es cierto, feliz, en los momentos que con él me hallare, estuve. Pero, sabes tu, amiga mía, que aquello me causaba daño, pues mientras con mis ojos yo quería ver algo que no era posible, con mi mente y reacciones actuaba de modo distinto a lo que mis sentimientos indicaban. Estoy condenado a que, el poco cariño que el profesaba por mi, quede olvidado, deslindado de los hilos de su memoria como si no existiere. Pero aquel mal, más bien enfermedad, que me aflige será extraido con tenazas de mi extraviada conciencia.

-L: Así sea, y que yo no interfiera más, pues según dicen, son los razonamientos del amor los que la propia formación de origen debe deshilar.

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