Encontré, por una parte, la realidad que me había mostrado todo esos años de lucha que mi causa había ocasionado. Era una axiomática verdad, habíamos perdido el rumbo de lo que yo había impuesto. Ellos habían luchado, creyendo que, de entre todos, mi fuerza moral era la más grande y mi mente la mas certera; pero fue en aquel efímero instante cuando aquella se hizo visible, la realidad de lo perdido se entorno, mostrándonos su fatal silueta. Había fallado a aquellos hombres, les había dado una porción de la esperanza de la caja, pero la misma Pandora* se cerró antes de tiempo.
Lo cierto es que ahora recuerdo toda esa efervescencia con la que nuestros hombres se lanzaron con el valor en la mente, cuando al final la decepción se mostró y, no sólo eso, sino que también destrozo su fina capa defensiva, la había desgastando durante la calurosa batalla y ya su nombre no se entendió, pues si realidad nunca existió.
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