Felicidad recóndita
escapas de mi,
aciaga y marchita,
en mi porvenir.
Me sentía vacío y eterno, mi llanto había clamado venganza varias veces, pero todo fue un preludio de un ocaso que nunca llegó. Como lluvia, parecía que mi ira comenzaría, mas siempre acababa; quién, en desdicha, con mi alma se fugaba. Mi alma chirriaba y mis pies conducían, todo un camino sin logica en el azar de una vida en desdicha cuyo porvenir, como caído cual hoja de otoño, no llegaría. Mis pasos dejaban huella pero sentía que nadie las observaba, ¿Porqué? si no pedía minuciosidad, solo quería atención... Pero aquel ojo del recuerdo, maldito el día en que nací, intento controlar la sociedad, como aquel Fausto a los muertos que conocí.
Muchos exclaman en honor,
gritos salvan mi presencia,
mas se acuerdan de mi;
octavo año de conciencia.
Aún permanece lleno, aquel pequeño trigal, ¿que hace el trigo sin tigre?... ¿la rima sin variedad?...
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