jueves, 26 de septiembre de 2013

Desgaste humano

¿Es en cierto modo el ser humano una maquina natural de costumbres y movimientos monótonos? Observando la actividad humana eres consciente de que algo falla. Tu, como observador eres un mundo aparte; mientras ellos, meros activistas de la vida se exponen a ser observados. ¿Y qué es lo que observa? un mundo donde todo permanece inalterable; aquí y allá, donde mires, siempre habrá una joven mujer con su hijo, en otro lugar un anciano encorvado apoyado en el bastón mientras acaricia su pequeño perro que edad salvaguarda el destino, tres palmos más adelante encontramos a un padre tirando del brazo de su hijo pequeño, recién vestido para acudir a ese primer día de clase tan enturbiado para ellos, tan enturbiado como cualquier cambio. Parece que todo fue preparado para una completa armonía que es la sociedad humana, todo bien manejado y controlado por ese ente llamado cultura. Si, ahí esta, vendemos nuestro afán de descubrir y de comprender el mundo por una vida apacible cargada de problemas que hacen sentirnos algo importantes pero siendo en realidad números para esa sociedad. Es así como el ser humano se denigra a este modo de vida, un modo de vida donde la cultura elimina nuestro mayor rasgo de compañerismo y ansias progresista, donde todo aquel que se declare detractor es automáticamente discriminado y alejado del entorno cálido y apacible que se monto en torno a la hoguera.

Sólo algunos consiguen darse cuenta de la verdadera realidad existente, ese mundo aletargado en el que sólo se dirige y se abandona al intelectual, eso si, en contraposición surge una masa de pseudo-intelectuales; creados por la sociedad para un solo fin, asegurar la subsistencia pacífica; es decir, son los intelectuales en los que se apoya la gente para entornar sus destinos de una manera u otra, por ello, en cierto modo, el destino de la humanidad esta en sus mentes. Con ello, al crear este grupo de pseudo-intelectuales con falsos motivos y escusas hedonista, llegando a crear una sociedad sustentada en aspectos cínicos, intolerables para aquel que se entorne  frente al pensamiento.

Pero es esta sociedad donde el verdadero intelectual encuentra su enemigo, debe luchar y no caer bajo el yugo de aquella hoguera cómoda; el intelectual existe para dar un futuro a la raza humana, mientras que cada miembro aporta, biológicamente, a este proceso su más sincera ayuda, el intelectual es el encargado de canalizar todo aquella ayuda para un bien común.

Puede que ahora no rompamos piernas con martillo o cortemos brazos con espadas, pero mutilamos al pensamiento con la ignorancia y a la humanidad con costumbrismo.

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