miércoles, 22 de mayo de 2013

Historia

Hoy voy a poner en el blog una historia que utilicé para un servidor de rol, es una historia que escribí hace mucho con un tono de gracia fatalista. No me acusen por el lenguaje pues fue redactada hace mucho.////

De mi antigua vida o como la ventura es desdichada

Hasta hace nada era un comerciante con varios negocios esparcidos por el reino hierro negro. Mi vida era fabulosa, vendía diamantes y metales, tenia fábricas, minas e incluso algunas plantaciones.

Todo lo sufrido fue por culpa de aquel goblin. Mi desgracia comenzó cuando aquel descarado goblin apareció por la entrada de mi oficina comercial de Roca Negra.
Entrando con aire socarrón y  desfachado se sentó y me prometió ingentes sumas de dinero si le proporcionaba pólvora y algo de cobre, yo, temiéndome lo peor, me negé y le ofrecí llevárselo a su tierra. Enfurecido, se levantó bruscamente gritándome  e insultando hasta al tintero. Yo sin tolerar tal agravio llame a mis guardias y les pedí que se lo llevasen fuera.

Cuando después de tres días y todo volvía a la calma, dos guardias reales aparecieron por la puerta y me llevaron ante el rey.

Éste, bajo la mirada del comerciante goblin, me acusó de injurias y obscenidades las, cuales yo ni siquiera conocía, contra su pueblo, nótese la ironía de ser también el mío.
Fui desterrado y echado las tierras del reino.

Con el viejo o como aprendí a ayudar a los desvalidos

Mientras caminaba hacia Loch Modan, quiso la suerte que me encontrase con un viejo ciego que tenia por brazos, pies, pecho y lengua abundantes canas pero en la cocorota le sobraba tal brillantez que por antitesis se reconocía el culo de un bebe ogro.

Yo, con tal de no asustarlo, le dije que era un rico mercader, hasta hace poco cierto, y que me dirigía a Forjaz. Al continuar por el camino me dí cuenta de que el ciego tenía tantas canas como avaricia, y cada vez que nos parábamos a descansar, yo le pedía algo de pan, a lo que este me replicaba que al ser tan buen mercader debo de ir bien aprovisionado.

Finalmente mis instintos me llevaron, y poco a poco me fui instruyendo en el viejo arte del hurto, le robaba pequeñas cantidades de comida. Pero resultó que el viejo tenia compensados los sentidos con la pérdida de la vista y al caer la noche se levantó y amenazando con despedazar a una tal madre mía y lanzando injurias como si de una guerra se tratase arremetió contra mí y mi pobre espalda tubo que sufrir el tremendo golpe; yo , sin saber que hacer, corrí camino abajo mientras el ciego creyendo perseguirme arremetió contra un árbol, chocando contra este y cayendo de bruces en el suelo de tal manera que una rama se cayo dejándole mas ciego de lo que estaba, no se si por el golpe o por una ramita descarriada; cuando éste se levantó caminaba tambaleándose con la mala suerte que había una colina ante él, con lo que dio a caerse y a salir rodando para abajo. Mientras tanto yo escuchaba este barullo y que creyendo que me perseguía decidí tirarme al borde del camino con la mala suerte que un zorro había excretado justo allí, y , mientras yo me lamentaba de mi mala suerte, el ciego continuaba rodando hasta que caí en la cuenta de que al final había un acantilado, yo corría para salvar al desdichado ciego pero la colina, al ser tan empinada y rocosa, hizo que yo cayera y me uniese a la suerte de mi compañero; afortunadamente pude agarrarme a un árbol que resultó ser el hogar de un nido de avispas enfurecidas.
Esta desafortunada historia terminó en la interrogante ubicación del ciego y mi desdichada huida con excrementos de zorro en la cara, la espalda molida y picaduras de avispas sanguinarias allá por donde sobraba.

En Loch Modan o donde me enseñaron a irme de una taberna sin pagar

Quiso la suerte llevarme a Loch Modan y allí entre en una pequeña posada cuya dueña resultó que le sobraba de lasciva y malévola lo que le faltaba al marido.
 Yo pidiendo una habitación y una cerveza , me la trajo ésta y echándosela en sus atributos femeninos me empujó contra la cama y se subió encima, yo intentaba escabullirme pero esta me atrapo con sus piernas a modo de pinza y no me permitiría escapar si no era terminando lo empezado.

Gracias a la suerte, que quiso que el marido diese un fuerte grito a su esposa para que le ayudase y esta tubo que acudir.

Pero la posadera, no arrepentida por sus actos, se postro ante mi al caer la noche pidiendo entablar batalla. Yo le persuadí que se retirase y que no quería problemas. Pero ésta insistió de tal manera que tuve que ceder y acordamos que culminaríamos a la mañana siguiente en el almacén.

Como lo acordado , allí nos encontramos los dos a punto de comenzar el combate cuando quiso la desdicha que el marido apareciese, pero la esposa, mostrando gran agilidad, engañó al marido alegando que yo iba a comprar un tonel.

El marido, además de tonto también humilde, se puso a limpiar el tonel por dentro y la esposa apoyándose en el tonel le indicaba donde debía limpiar. Mientras tanto, yo, aprovechando la posición de la esposa, decidí rematar la faena.
Al final decidí huir antes de que terminara y seguir mi camino.



De la llegada a Forjaz o como aprendí a volar sin alas

Finalmente llegado a las tierras heladas acampe al lado de un lago y, mientras dormía, un enano estaba merodeando por los alrededores. A todo esto el maldito se me acerco y bajándose los pantalones me meó en la cara. Yo me desperté de sobresalto y me puse a dar saltos y gritos en cuanto advertí que pasaba mientras miraba a aquel enano guardándose el falo como si nada. Después de tranquilizarme encontré que el nombre de este enano era Frixi y vivía en una casa cercana, me invitó y yo accedí a ir con el. 

Las paredes de esta casa estaban atestadas de objetos extraños y mientras el cogía un casco con gafas incluidas yo le preguntaba por su filiación.

Me dirigió al patio y me ofreció llevarme a Forjaz, yo en interrogante por el cómo, mire al centro de este patio y comprobé que en el centro se encontraba una maquina voladora destartalada. Dí tal brinco cuando la miré que estuve a punto de resbalar. Después de recuperarme del susto me subí y pedí a la suerte que me pagase todo lo sufrido.

EL enano despego y mientras volaba era tal el movimiento que realizaba la maquina que el enano quiso pulsar el botón de la cámara anti-aire y pulso el botón de eyección. El pobre salio volando con el asiento pero quiso la suerte que se enganchase el cinturón de este a una de las patas de el avión. Yo intentaba mientras tanto controlar la máquina, pero el pobre enano, previendo la rotura del cinturón decidió agarrarse justo a tiempo. Pero resultó que sus pantalones no tenían un agarre fuerte sin el cinturón por lo que después de la caída de este cayó el otro y después los calzones del desdichado enano. 

Llegamos finalmente a Forjaz sudando yo por el cansancio y el enano por la vergüenza, después a mi me encomendaron una cama, con mucha razón, y a el unos pantalones para cubrirse. Quiso la suerte que no le volviese a ver pues el sueño me entretuvo.

En Forjaz o como aprendí qué era la terapia de choque

Después de dormir un rato me desperté y decidí ir a dar  un paseo por la ciudad, pero al caer la noche di yo a caer en una taberna, comprensible pues llevaba sin ver una gota de cerveza desde mi destierro.

En esta resultó que había muchos enanos borrachos, como también era comprensible, yo quise sentarme pero uno de estos grupos de borrachos me invito a sentarme con ellos. Yo, con tal de tener una buena conversación, me senté con ellos; pero más que conversación allí encontré imprudencia; uno de estos enanos había bebido demasiado y, comentando que se iba a dormir, se levantó y comenzó a tambalearse con la mala suerte de que se dirigió hacia la barandilla que daba al piso de abajo.

Tuvo tan mala suerte que cayo de cabeza en el caldero de la sopa de la camarera. Esta, con un buen berrinche, entro en la cocina. Creyendo que había acabado esto solo en un susto, el desdichado enano saco la cabeza del caldero para encontrarse con que la camarera había vuelto con un cucharón de hierro.

El enano, con la cara ardiendo por el calor del caldero, comenzó a correr mientras la camarera lo perseguía alegando que había manchado su sopa de pelos. El enano salió fuera de la ciudad para tirarse en la nieve y que se le calmase la cara. Pero la tranquilidad no duró mucho, pues la enana venía blandiendo la espada y no estaba como para que le hablasen. Arremetió contra el enano y le dio con el cucharón justamente en la frente. El enano, de tal golpe, comenzó a tambalearse hasta que llegó a la camarera y vomitó en sus pies. 

La camarera, si ya de antes cabreada, ahora más, le dio tres puñetazos en la cara y lo dejo entre este mundo y el otro. Esta escena se hubo de parar pues unos guardias vinieron para llevarse a la camarera, que, por aquel entonces, había cogido una de esas sillas de piedra. Al final, la lucha se saldó en un ojo morado, una nariz rota y una mandíbula desencajada para el enano, y el cucharón roto en pedazos para la enana. Eso si, el enano se fue sin pagar, y no creo que estuviese por la labor.



De cómo recuperé mi fortuna o de los trapicheos de los mineros

Así pues, me tuve que poner a trabajar, cosa nunca antes hecha por mi, en una mina; allí quiso la suerte sonreírme, por una vez, para recuperar lo que perdí cuando era desdichado.

Resultó que yo era el encargado de llevar los sacos pero me dí cuenta de que estos sacos no llevaban solo hierro sino que también, cada cierto tiempo, algo de oro. Uno de los capataces de la mina entregaba los sacos al transportista, y este separaba el hierro del oro, repartiéndose después las ganancias entre los dos.

Yo que no era del todo tonto decidí cogerme algo para mi, a esto no les importó mucho a ninguno de los dos pues uno más que se llevara algo no quitaba mucho.
Así poco a poco, conseguí recuperar mi fortuna y abandone la mina.

De cómo me hice lenón o del amante enamorado

Tuve que invertir el dinero en algo, y con ello decidí hacerme lenón, solo por algún tiempo. Los enanos entraban y salían del negocio mientras yo conseguía más y más dinero.
Pero uno de mis clientes tuvo que enamorarse de una de mis mercancías y, parándome a la salida de mi casa, no paró de suplicarme:
-Sepa usted que amo a Viciosidora, y me gustaría comprártela. Dame lo que es mío.
-Insultos lo son. Ahora déjame.
-Por favor, te lo pido, dame a mi amada. Piedad.
-¡Pues te tiras de noche a la piedad en vez de tirarse a Viciosidora!
-Te voy a poner verde. ¡Sinvergüenza!
-Tú lo has dicho.
-¡Criminal!
-¿Y a mí qué?
¡Roba tumbas!
-Eso es cierto.
-¡Traicionero!
-Así soy.
-¡Parricida1(A su amigo) Sigue tú.
-¡Sacrílego!
-Lo confieso.
-¡Rompedor de juramentos!
-Hace tiempo que lo sé…
-¡Corruptor de jovencitos!
-Es mi oficio.
-¡Reladrón!
-Seguid con vuestra canción…
-¡Violador de murlocs!
-Sólo una vez…
¡Que pegabas a tus padres…!
-Les zurraba y los maté, porque me comían mucho. ¿Hice alguna cosa mala?
-Estamos perdiendo el tiempo.
-¿Queréis algo más de mí?
-¿Es que no te da vergüenza?
-¿Y a ti no te da vergüenza tener la bolsa vacía?

El pobre enano no tuvo otra cosa que irse y afligirse con su dolor.

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