Tu barba,
del pelo del culo de un mono formada;
tienes la piel de un armadillo;
tu cara mugrienta parece
pues los pies de un leprechaun
metidos en lodo,
y por si fuera poco mira tu pelo
de pedófilo y pendenciero.
Por último, tus ojos,
parece que has acudido a una pocilga,
bien poblada,
y les has metido tus pulgares
en ciertas zonas no aconsejadas,
impregnándote tus ojos
con lo que acompaña a tus dedos.
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