Tu rostro muestra tal perfección,
ojos fundidos,
rojos como la llama,
se esconden tras tu cabello,
cabello que bifurca alrededor de tu rostro,
tupido, reluciente, centelleante ante tu boca,
labios siempre plegados de sinuosa postura.
Felicidad surcan tus brazos,
estos agarrados al sentimiento de evitar,
pies anclados a la fuerza de sentir,
pecho descubierto a la bravura de un hecho no existente.
Manos,
mantenidas firmes ante el pesar de vivir,
alegre armonía,
vibrante conjunto,
sientes lo mismo que veo,
aquellos momentos ligados en el fuego de la imperfección.
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