Cuan desdichado momento
el que no se ha de repetir.
Tus labios de arena,
se fundían con los míos
en un universo alterno
de constante sin vivir.
Mirada de ignorante,
tu rostro poseía,
vista desde el cielo,
tu ojos me envían,
razón desdichada,
de engañado cambio.
Gracias a tu razón,
por el camino de la imperfección,
pues aún caminas por el,
mas siempre te esperaré.
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